Las razones de la renegociación del TLC

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Por: Javier Orozco Alvarado
La construcción de un muro fronterizo, así como la renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá, fueron compromisos de campaña del entonces candidato a presidente Donald Trump.  Aunque parecen decisiones unilaterales encarnadas en la figura del ahora presidente de la unión americana, la realidad es que estos son algunos temas que, seguramente, desde hace varios años venían preocupando a los norteamericanos; razón por la cual una parte de la élite empresarial norteamericana y amplios sectores de la población decidieron elegirlo como presidente.
Es cierto que en los últimos años los Estados Unidos han experimentado un déficit comercial con México, pero éste es significativamente menor al que ha mantenido desde hace varios años con Canadá o con China.  De cualquier manera, este argumento ha servido para impugnar a México y obligarlo a revisar algunos tópicos que tienen que ver con las relaciones comerciales, migratorias y de inversiones entre ambos países.
En realidad, desde antes de llegar a la presidencia, Donald Trump, ha hecho mucho énfasis en que los mexicanos somos violadores, narcotraficantes, corruptos y más calificativos que todos sabemos. Lo que no entendemos es que Trump es un hombre de negocios que tiene muy claro cuáles son los verdaderos intereses de los sectores empresariales de los que él mismo forma parte y representa a nivel internacional.
Por eso, no es casualidad que los escándalos de corrupción, lavado de dinero, desvío de recursos y todos los vicios que ahora aquejan a nuestra sociedad estén sirviendo de base para  renegociar un TLC aún más favorable para los Estados Unidos que para México.
Y es que, curiosamente, el reciente escándalo de corrupción de la empresa brasileña ODEBRECH, en el que se vio involucrado el Ex – director de Pemex, Emilio Lozoya, para obtener contratos de obra, es sólo una parte de las inequidades que existen en las relaciones de inversión entre México y Estados Unidos en el marco del TLC.
Sólo por citar suspicazmente algunas razones por las cuales Estados Unidos está presionando a México para la renegociación del actual Acuerdo Comercial, podemos mencionar que este acuerdo contempla no sólo preferencias arancelarias entre ambos países, sino también de inversiones y de movimientos de capitales; compromisos que México no ha cumplido por causa de la corrupción y el problema de narcotráfico.
Simplemente, es normal que los norteamericanos estén molestos porque, siendo socios comerciales ambos países, México ha otorgado concesiones de inversión en materia petrolera u obras públicas a empresas brasileñas o españolas por su enorme poder de corrupción.  Es el caso también de la asignación de grandes obras millonarias a empresas españolas constructoras como OHL y ALDESA, por ser cómplices del gobierno y ser reconocidas por su alto grado de corrupción.
Eso en materia de inversión directa, pero también en materia financiera el gobierno ha sido omiso y hasta cómplice en tolerar el financiamiento de muchas empresas que debían recurrir al sistema financiero de sus socios y terminan presumiblemente siendo financiadas con dinero procedente del crimen organizado.  Un ejemplo de la inconformidad de nuestros vecinos fue la acusación que hiciera la Oficina del Tesoro Norteamericano sobre el supuesto lavado de dinero en el que habrían incurrido para financiar sus empresas el cantante Julión Álvarez y el futbolista Rafael Márquez.
La razón que está de fondo en la renegociación del TLC no es el déficit comercial entre México y Estados Unidos, ni la eliminación del capítulo 19 sobre solución de controversias o las reglas de origen; pues aunque también forman parte del paquete para la renegociación, existen otros temas de fondo que tendrán que resolverse si México pretende seguir formando parte del TLC.
En primer lugar, la renegociación estará orientada a dar preferencia a las inversiones norteamericanas en materia petrolera en el marco de la Reforma Energética; en segundo lugar, ampliar el margen de expansión a la banca norteamericana para financiar el desarrollo económico y reemplazar el lavado de dinero como fuente de financiamiento de las empresas y; en tercer lugar, aumentar los salarios para contrarrestar el dumpin social, que favorece la producción y la inversión en México, lo que a su vez, podría frenar relativamente la migración hacia el vecino del norte.
En fin, por su carácter empresarial y su capacidad personal para negociar y presionar, Donald Trump tiene no sólo uno sino varios elementos para obtener una buena renegociación a su favor, para lo cual el gobierno de México no da pista aún de qué es lo que habrá de negociar para bien de nuestro país o para mantenerse como pobre en el club de los ricos.
Septiembre 12 de 2017